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DE LO QUE DIGA EL GOBIERNO, NO TE CREAS LA MITAD; LA OTRA MITAD, LA DESECHAS POR ABSURDA. DE LO QUE NO TE DIGA, ¡CRÉETELO TODO!
HOJA DE HOY HOJAS DE AYER
el rincón de Lili
BLOG AMIGO: LILI Y EL MUNDO

08-V-17

(Romance LXXXV: El zar desde su edén)

El zar de toda las Rusias
conquistó la Casa Blanca,
poniendo a un monigote
que hace como que manda;
pero que tan sólo hace
aquello que da la gana
a su patrón, que es un Putin
en la sombra, a sus espaldas.
A los ingleses les puso
una muy golosa trampa
para dejar a la UE
cual pollo: descabezada;
y cayeron de cabeza
los gilipollas tontainas
a quienes muchos llamamos
hijos de la Gran Bretaña;
y puso en pie de guerra
a Escocia, tierra brava,
y en pie de guerra también
a la cojonera Irlanda.
Mas con ello no se crean
que terminó sus putadas
este riquísimo zar
que sigue trama que trama:
aprovechando el tropel
de políticos canallas
que pululan las esquinas
de esta nuestra democracia,
de manera sibilina
fue y se sacó de la manga
a ciertos pillos que tienen
aún más cara que espalda,
que son los mismos, mismitos,
que en pelota y arruinada
a Venezuela dejaron
con sus consejos y labia.
Y, miren, ahí los tienen:
el PC ya no es nada
y el PSOE va detrás
a no muy larga distancia.
Claro es, tal cosa cuesta
millones de rica pasta,
pasta que se canaliza
desde Rusia hasta España
a través de un pajarito,
hombre de paja que llaman,
señor de televisiones,
¡el Señor de las Privadas!
Pero, sigamos, amigos,
con las tremendas andanzas
de Putin, el nuevo zar
que por sus respetos campa.
Otro tanto quiso hacer
hace poco en Holanda
y seguro que repite
muy prontito en Italia:
¡Sus hackers son cosa seria,
genios de las matemáticas!,
que ya lo han demostrado
en elecciones pasadas.
Pero el rizo lo riza
en la orgullosa Francia
de la que tal vez Le Pen
sea en fecha cercana
lo que denominaremos
su mujercita de paja.
Y a partir de ese momento
Europa tiene cantada
exequias y sepultura
por tan rico zar pagadas.

Las puertas de los salones de su palacio si no son de oro macizo, lo parecen. La Guardia que en ellos rinde honores a su paso, la mismita de los zares pero más emperifollada. Los mayordomos que se las van abriendo conforme se aproxima a ellas, la crème de la crème, seguro que han estudiado en Yale varios masters ad hoc.

Y así.

—¿Y su pueblo llano? Ya saben, los descendientes de aquellos campesinos de Tolstoy y tal.

—Ah, pues muy bien. En el séptimo cielo comunista: los ricos, cada vez más ricos; los pobres, cada vez más borrachos de teléfono y vodka.

—¿Y la clase media?

—En Rusia no hay de eso, tovarich. Aquí somos todos felices. Y si no me cree, míreme a mí.

22-IV-17

(Romance LXXXIV: Rebotes legales)

El Pujolillo mayor
se ríe a todo trapo
con muy grandes risotadas
que causan muy grande espanto
a todo el que las oye
y les deja aterrados.
“¿Qué te pasa, hijito mío?”,
pregunta su papi al cabo,
el honorable vejete
que afanaba a dos manos
cuando en su región era
dios, rey, señor, dueño y amo.
“¡Ay, papi”, contesta el hijo,
“es que estoy descojonado
porque me cita el juez
de delitos monetarios!”
A papi, que escucha esto,
le entra el arrebato,
levanta el rostro ofendido
y clama a grito pelado:
“¡En verdad, en verdad, creo
no merecemos tal trato!”
Con ello, al hijo mira,
en él la vista ha fijado,
la color de sus mejillas
tirando anda a morado,
¡tal es la furia que tiene
el honorable anciano
que su pellejo se pone
como pellejo de pavo!
“¡A mí, que a mi nación
toda mi vida le he dado,
mis esfuerzos, mis desvelos
y mis…! Y ahora que caigo,
¿ya blanqueaste el parné
que el Millet nos ha mandado
por el asuntillo ese
 de ese Palau musicado?”
El Pujolillo le mira
con sorna y muy ufano:
“¡Pues claro, papi querido,
está todo blanqueado!
¿Me tomas por un capullo?
¿Piensas que estoy alelado?
¿Para qué el amigo juez
la libertad nos ha dado
sino para que negocios
seguir haciendo podamos?”
El honorable viejales
le escruta sobresaltado
y de seguido le suelta
por ver de aleccionarlo:
“Tienes que decir al juez
que se ande con cuidado,
que no sabe quiénes somos
y nos está molestando,
pues salimos en la prensa
y eso no es de mi agrado”.
Tras este breve coloquio
entre pillos redomados,
se encamina el jovencito
caminito del juzgado.
Está ya cabe la puerta
cuando tropieza con Rato
el cual sale muy sonriente,
la sonrisa en sus labios:
las pelas en esos sitios
que por todos son llamados
los paraísos fiscales,
tal que Suiza y otros tantos.
Se saludan porque son
personas de alto rango
y coleguillas que trincan
de la pasta del Estado.
“¿Por qué sonríes?”, pregunta,
“¿Tan buen rato has pasado?”
Con sus afables maneras
Rato responde en el acto:
“¡Este juez, amigo mío,
no es juez, es un padrazo!
¡Me convida a una copa,
a una tapa y a tabaco
y hasta me abre la puerta
y se inclina cuando salgo!
¡Y el Urdanga me ha dicho
que le hace otro tanto
y hasta le manda recuerdos
para un bribón jubilado!”
En oyendo lo que oye
arguye Pujol airado:
“Y con Griñán y con Chaves
y Felipe el millonario;
y con Blesa y otros muchos
que las cajas arrasaron.
Tienes que tener en cuenta
quiénes lo han colocado
en puesto tan eminente
y que está tan bien pagado;
amén de la mucha fama
que le ha proporcionado.
Pero ha dicho mi papi
que molesta demasiado;
por eso estoy aquí,
para decirle bien claro
que el paripé que nos monta
se pasa ya un trecho largo
y que nos deje tranquilos
seguir con nuestro trabajo.
¿O acaso piensa él
que quien lo nombró antaño
no puede mañana mismo,
y lo mismo, desnombrarlo?
Y en completa sintonía
se despiden y van ambos:
uno, a sus paraísos;
al juez, el que va agraviado,
 o sea, el Pujolillo
con que se abre el relato.
Y nosotros, a pagar
porque Hacienda hogaño
empezó ya a desplumar
a los pobres desgraciados.

Antes nos lamentábamos porque los raterillos y toda la fritura menuda entraban en el juzgado por una puerta y salían al rato por la misma, como si rebotaran.

"Las Leyes son así", nos decían por ver de conformarnos; y no nos convencían.

Hoy son ya los peces gordos, gordos, gordísimos los que entran por una puerta y salen al poco por la misma, como si rebotaran.

"Las Leyes son así", nos siguen diciendo por ver de conformarnos; y no nos convencen.

Porque las Leyes, señores míos, se pueden mejorar. Que para eso les pagamos. Para que las mejoren.

¡Ah, y señora Aguirre, ahórrese usted sus lagrimitas de cocodrilo! Es usted una incompetente para administrar la riqueza del país. Que la hay; sólo que nos la están robando. Y siempre los mismos.

¿A que no sabe quiénes?

¡Exacto, ésos, sí, señora!

Los mismitos.

(Soneto ubérrimo CCXXIII: El ladrón aforado)

Servidor es aforado y, por tanto,
gozo de muy graciosa impunidad:
puedo saltarme la legalidad
cuando me apetezca, dónde y cuánto.
Ciertamente que no soy ningún santo
porque me gusta robar, la verdad,
¡me chifla!, ¡me enajena cantidad!,
¡donde puedo trincar, allí me planto!
¡Qué vivan todos los aforamientos
y la puta madre que los parió,
los cuales han permitido que yo
atesore los millones a cientos
sin más títulos ni merecimientos
que trincarlos y sanseacabó!

Murcia, Madrid, Valencia, Castellón, Orense, Granada...

No son unos casos puntuales, señora del cigarral. Son la punta del iceberg.

Y lo sabemos

Y lo más vergonzoso de todo es que usted sabe que lo sabemos y, encima, nos dice que son casos puntuales.

¡Usted...!

¡Ja!, que dice una amiga mía.

14-IV-17

(Soneto ubérrimo CCXXII: ¡Hacen falta RCMS!)

A ver si nuestro alcalde va y pisa
una mierda de perro por la acera,
la pisa con tan buen tino y manera
que seguro que se parte de risa.
O, tal vez, entonces le entre la prisa
y meta a los canes en la perrera
y, a sus dueños, mano en la cartera
que les deje tiritando la Visa.
Todo eso después, claro está,
de mentar a la madre del edil,
pura señora de virtudes mil
pero, de un incompetente, mamá
(si no sabe que con el DNA
se solventa tema tan incivil).

Miren que los que tenemos la desgracia de vivir en esta tan olvidada, aislada y sucia ciudad andamos con cuarenta mil ojos cuando vamos por la acera. Pues, señores, ni por esas: ayer pisé una así de grande. Con el tacón de la bota.

Tuve que quitarme la bota y resulta que ésta tiene en la suela una especie de ranuras, no sé con qué objeto. Tal vez, ahora que caigo, sirvan para que, cuando pises una mierda de perro, ésta discurra por las citadas ranuras escapando así de los refregones más enérgicos pero no de la vista, del olfato o de las maldiciones y alusiones varias a cierto alcalde y familia.

Como soy persona de recursos en las situaciones más adversas y comprometidas, y no es por presumir, eché mano a una ramita, luego a las esquinas de un cartón de refresco vacío, y finalmente a un trozo de alambre que (Dios aprieta pero no ahoga) andaba por entre otras muchas menudencias allí mismo.

Hoy, ya desde el sosiego, me permito sugerir a cierto alcalde que, por el buen nombre y fama de su señora madre y demás familia así como para preservar en los debidos límites el indudable honor de su señora esposa y tal, haga un registro de ADN de todos los canes del municipio, recorte en los gastos de dietas, lujillos, comilonas y chanchulleos varios y, con la millonada resultante, ordene construir un laboratorio para el análisis de las deposiciones caninas abandonadas en nuestras aceras y halladas por personal municipal aplicado a descubrirlas, recoger muestras y dar fe de ellas. A tal personal se les puede nombrar como Recogemierdas-Canino-Municipales (o RCMS); para la selección de los cuales podría, incluso, convocar concurso-oposición y, así, dar las plazas a amigotes, copartidarios y coleguillas suyos.

De nada. A mandar.

30-III-17

(Soneto ubérrimo CCXXI: Hay)

Hay un Griñán que se parte de risa
y hay un Rato que es un rato ladrón
y hay un Blesa pedazo de trincón
y un Chaves con tal faz que se la pisa.
Hay un Urdanga que no tiene prisa
por entrar en merecida prisión
y un exhonorable que es un bribón
que nos dejó hasta sin la camisa.
Y todos están libres, sí, señor,
pues nuestras Leyes son muy complacientes
con estos sinvergüenzas preeminentes
que tienen moral de atracador,
se libran con argucias indecentes
y siembran la miseria alrededor.

Esto es como si te pilla un coche en un paso de cebra, te deja malherido y hecho polvo, te curan y te pasan la factura, te denuncian y te cargan con la culpa; y, encima, el juez te afea tu comportamiento cuando expresas tu desacuerdo con las Leyes que han permitido atropello semejante.

Pues igual.

Te despluman unos sinvergüenzas, pretenden engañarte sus mamporreros, se libran de toda culpa pagando con tu desplume a un ramillete de picapleitos sin escrúpulos, salen libres como los pajaritos que cantan por los campos; y, encima, te caen encima las siete plagas si abres el pico con ánimo de quejarte.

Esto con Franco pasaba.

Porque aquellas Leyes no eran justas.

25-III-17

(Romance LXXXIII: ¡NO ES ESTO! ¡NO ES ESTO!)

Tenemos unos bribones
campando por sus respetos,
con sus caritas tan duras,
con sus bolsillos repletos;
y presumiendo, además,
de que son un rato honestos,
de que piensan en España
antes que en sus lindos huesos.
Políticos se titulan,
que es título verbenero
que sólo te acredita
de bribón y analfabeto
que no has sido capaz
de ganar un verdadero
título de esos que tienen
un carácter académico.
Si alguna vez se les juzga
sus jueces son, sin remedio,
dúctiles y maleables,
sumisos y muy benéficos,
pues son jueces trepadores
que trepan con el Derecho,
obedeciendo de día
y de noche, sin sosiego.
Los señores congresistas
que nuestras Leyes hicieron,
nos dejaron unas Leyes
que castigan a los buenos
y a los malos garantizan
procesos de pitorreo
que se alargan sine die
en un puro cachondeo:
¡Si es que comen en la mano
que les concede el sustento:
morder tal mano no pueden,
es de estúpidos hacerlo!
Y les designan señores
con la cara de cemento
por el sistema más simple,
que es el sistema del dedo:
“Yo te nombro, tú me juzgas”
dicen que dicen entre ellos
hablando de independencia
de los poderes aquellos:
“¿Que Montesquieu dijo “digo”?
¡Pues digo que dijo “Diego”!”
¡Venga a partirse de risa!
¡Es que se parten el pecho!
Magos son de la artería
estos políticos nuestros,
burros como ellos solos,
desalmados, deshonestos,
muy pomposos y ostentosos,
engreídos, chanchulleros,
que nos dejaron las Cajas
sin un puto euro dentro:
¡gastádoselos habían
en sus lujos y dispendios!
Pero como todos tienen
de la pluma mamporreros
que trabajan en la prensa
o en teles que son de ellos,
les mandaron aplicarse
a hacernos ver como negro
lo que era y será por siempre
justo del color opuesto;
y allá tuvieron sus radios
tratando de convencernos
de que era nuestra la culpa
de tan colosal saqueo;
ladraban a voz en grito,
ladraban meses enteros:
“¡Qué buenos son los bribones!
¡Pero qué suerte tenemos
votando a tales pollos
de representantes nuestros!”
Y los tales pollos, mientras,
llevan lo que sustrajeron,
trincaron, o como quieras,
a paraísos secretos:
¿Dónde están los cursos, di?
De los eres, ¿qué se hicieron?
¿Y del Palau de la Música?
¿Y de tantos aeropuertos?
¿Y de Bankia, Rato y Blesa?
¿Y de Lanzas, de Guerrero,
de los griñanes, chaveses,
Maleni y los Monederos
y de tantísimos otros
que quedan en el tintero…?
¡Ay, duermen en el olvido
de los ricos en sus lechos!
Y el parné. ¡Ay, pues…, voló!
Mas los ladrones salieron
libres como pajaritos
y tan ricos como Creso.
Y yo les digo, señores,
no votamos para esto,
para que nos engañaran
con tan ridículos cuentos
como los que cada día
sueltan estos elementos.
Por todo esto, amigos,
y por mucho más lamento,
frustrado y sin esperanza,
deciros con desconsuelo
que la Democracia esa
que, según ellos, tenemos
y a mesa y mantel gozamos:
¡NO ES ESTO! ¡NO ES ESTO!

Pocos políticos hay que gocen de más lujos y prebendas que los nuestros. Aún recuerdo, ¡la de años que han pasado!, aún recuerdo cuando decían: ¡Hay que profesionalizar la figura del político! ¡El hombre que se aplica con exclusividad a trabajar por el bien de la nación!

Bien, pues ya se profesionalizó: votaron sus sueldos, prebendas, aforamientos, jubilaciones y hasta se aseguraron sus cementerios de elefantes a los que denominaron con variopintos apelativos: Senado, consejos de administración, puestos oficiales de libre designación, etc., etc., etc.

¿Y el país?

¡Ah, eso es fácil, amigo mío: penando por resolver los problemas que estos señores nos han creado!

Y no nos quejemos, pues hay una democracia peor aún que la nuestra: la bolivariana, de la que tanto PODEMOS llegar a saber.

Ruego al Dios de los ateos que no lo permita. El pellejo se me espeluzna sólo de pensarlo.

01-II-17

(Soneto ubérrimo CCXX: Negrera y cruel)

Tenemos una progre millonaria,
(¡porque gana lo que le da la gana!);
es una tal Ana Rosa Quintana,
negrero-literata y ¡¡¡partidaria
de usar ultraviolencia cavernaria
(¡y lo dice y se queda tan ufana!)
para zurrar cruelmente la badana
a quien opina de forma contraria!!!
¡Lo dice por la tele, la jodida:
“El que le hayan partido la cara
me parece bien!”
; frase referida
a la joven murciana, que una piara
de izquierdas, con frenesí homicida,
intentó a palos que la palmara.

Hace años esta pajarita fue pillada con el culo (con perdón) al aire: había escrito un libro, "Bodas de hiel" o algo así, y ya se lo iba a publicar Planeta cuando se descubrió que no era obra suya sino de un negro. No piensen ustedes mal: no era el negrito de whatsap.

"Tramposa" es el apelativo mínimo que, en mi criterio, se mereció; pero como era AR, pues, eso, apenas si pasó nada. Además, tenía amistades entre las damas de culo (con perdón) alto.

Otrosí:

Una panda de asesinos en potencia atacan a patadas y puñetazos a una joven a las puertas de un pub de Murcia. Comentario ayer de Ana Rosa: "Me parece bien que le hayan partido la cara".

No hay duda de que esta compañera de mesa y mantel de JJ Vázquez, los Kikos y pollos de tal calaña está en la cochinera que mejor le acomoda: T5.

22-I-17

(Soneto ubérrimo CCXIX: Gandul y charlatán)

El Eugenio ha metido la pata
abriendo su boquita relamida
y soltando la lógica parida
que le retrata como una vil rata.
Y es que el tal pollo, hablando en plata,
no ha dado puto golpe en su vida,
vida muy dura, de lo más sufrida:
zángana, altiva y en nada barata.
Porque basta con ojear su ficha
de senador para ver que el señor
no se gana el pan con el sudor
de su frente; según la susodicha
se rasca lo que hay bajo la picha*
con tal dedicación que es un primor.

*con perdón

Estaba yo en la cola del aparcamiento del aeropuerto de Almería; había llevado a un amigote en coche y tuve que dejarlo allí durante unos diez minutos. Al salir, en la cola para pagar había delante mismo de mí un pájaro al que reconocí al momento: grueso, arrogante y mirando el mundo desde aquellas sus alturas inasequibles al común de los gilipollas. Era evidente que le molestaba tener que hacer cola, que ésta iba tan lenta y que él tuviera que estar metido en ella.

—Soy senador —oí que, con toda la importancia del mundo, dijo al empleado de la ventanilla cuando por fin le llegó el turno. Le mostró una tarjetita y ya se había ido.

Cuando regresaba a mi coche tras el sablazo rejoneao de rigor, se me cruzó un cochazo. Dentro, el gordo de marras. De gorra. De esto hace ya unos años; pero no se me despinta. Le grité:

—¡Se dice hola y gracias, por lo menos!

Ni caso. Se ve que no me oyó.

14-I-17

(Soneto ubérrimo CCXVIII: Olegario entalegado)

¡No lo pueden meter en el talego!
¡Dios bendito, pero qué disparate!
¡Al pobre Olegario, tate, tate!
¡Tratarlo como a un lerdo charnego!
¡Un pollo para quien es simple juego
blanquear cien millones de un remate
o trincar más de mil con un regate
ilegal! E irse de putas luego.
Además, es hijo del honorable
y uno de los siete niños Pujol;
si lo entalega un juez español
se arma un lío inconmensurable:
todo español será comparable
a los que cantaban el “Cara al Sol

Las tres leyes de una democracia bananera:

1- No se puede entalegar al poderoso;
2- Sigue sin poderse entalegar al poderoso;
3- Nunca, nunca, nunca se entalegará al poderoso.

Corolario de la tercera ley: sólo se simulará conato de entalegamiento como paripé para meter el dedo en la boca al personal.

05-I-17

(Soneto ubérrimo CCXVII: ¡Así, no! ¡Así, no!)

Jorgito Pujol, la UDEF, Cospedal
ese tal del Hierro, Portuondo y Rato,
dos ex altos cargos del Marianato
y un cigarral que cuesta un capital.
Un informe en la Audiencia Nacional,
Ibadesa Cat, un Puig y un contrato,
subvenciones hasta para el Tato
y Andorra de paraíso fiscal.
La mujer del César ha de ser puta*
además, claro es, de parecerlo
y, si en sus planes no está el serlo,
se le tiene que buscar sustituta
que guste de la vida disoluta
y, nosotros, que podamos saberlo.

*con perdón, exigencias de la rima y sin ánimo de señalar ni ofender.

Lean, amigos, lean. Y saquen sus conclusiones:

http://www.elmundo.es/espana/2017/01/04/586c1095468aeb3d4a8b4604.html

http://www.elmundo.es/espana/2017/01/05/586d59ef46163fb9668b45ed.html

Que, por supuesto, no valdrán para nada.

04-I-17

(Romance LXXXII: ¡No más castañas!)

Primero salía Franco
y nos daba la castaña
por la noche en Nochebuena
contándonos las hazañas
de una España que por hambre
de Justicia y pan cascaba.
Tirábase el pajarraco
de voz amariconada
dándole a la sin hueso
lo que le daba la gana,
siendo señor, como era,
Caudillo y casi Monarca
de lo que era, decía,
nuestra madre y nuestra patria.
Los españoles de entonces
oían, no escuchaban;
salvo, claro, los pancistas
que del régimen chupaban
y sus palabras bebían
como verdades cantadas
y laureles verdaderos
en vez de simples falacias,
autobombos y platillos
y mentiras descaradas.
Nos tocó después Juan Carlos
y, con él, la democracia;
pero no cambió el uso
de endilgarnos la matraca
la Nochebuena dichosa
con el discurso de marras;
salvo la voz, por supuesto,
que ya no era aflautada
sino la voz espaciosa,
cachazuda, masticada,
lenta, pomposa, impasible,
muy donosa y triturada
de quien en el fondo es
un ávido macho alfa.
En cuanto a lo que decía
varió muy poco o nada
de lo que decía Franco:
eran las mismas chorradas
con otra palabrería
más fina y más educada.
Pasaron los años, vino
Felipe VI de España,
y, desde luego, maneras
se notó que apuntaba:
la Pascua nos siguió dando
y jodiendo la marrana
con el discurso dichoso
que siguió como si nada.
Pero como era poco
y la envidia es mala,
pues, señores, se sumaron
¡otros diecisiete sátrapas!:
los pollitos que presiden
esas diecisiete taifas
que dividen el país
y causan nuestra desgracia.
Estos reyezuelos salen
en Nochevieja, sin falta,
y en escenario ostentoso,
a la hora que más dañan,
pomposos y rimbombantes
nos endiñan su cagada.
El personal, por supuesto,
no escucha ni palabra
pues ve el entorno tan cutre
y lujoso y dice: “¡Calla,
nosotros con hipotecas,
hambre, paro y sus putadas
y vienen estos ahora
a meterse en nuestras casas
para en la boca meternos
el dedo con sus patrañas!
¡Id a que os den por donde
los pepinos más amargan!”

Así pues, allá que quedan
politiquillos, pantallas,
presentadores, derroches,
autobombos y jactancias
sin nadie que les escuche,
sin que les mire ni un alma.
Excepto, claro, aquellos
a los que pancistas llaman,
que son aquellos que chupan
de la teta de la vaca.
Esos sí que se aplican
a descifrar la maraña
de chorradas macarenas
que en sus tostones nos largan:
que si quiso decir esto,
que qué frase más cuidada,
que si la Tierra es redonda
y la perdiz mareada.
Pues yo, amigos, me quedo
con mi copa de champaña,
pidiendo que el año próximo
se olviden la soflama
y disfrutemos en paz
de noches tan señaladas.

Parecen el Papa hablando ex cáthedra; y el escenario es casi tan fastuoso y opulento como el suyo.

Toda mi vida viendo lo mismo: ora uno que dictaba, ora otro con la mente en otra cama, ora aquél que por ahora mantiene el tipo..., y así más o menos.

Pero, hombre, que nos salgan unos transitorios que tan pronto están allí como en el banquillo de los acusados como en boca del pueblo todo... c'est trop.

Así que, por favor, supliquen a gritos conmigo, a la de tres:

¡¡¡¡¡DEJENNOS LA NOCHEVIEJA EN PAZ!!!!

 

 

ADVERTENCIA:

 

Hoy, 04-IX-16, se ha cambiado esta página de inicio (HOJA DE HOY); la anterior ha quedado archivada en este enlace:

HOJAS DE AYER

en el apartado:

II) HOJAS DE AYER: TOMO 02 (desde 07-IV-12)

bajo el epígrafe:

Sobre la trincofilia de nuestros políticos (04-I-17)

 

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