III
INMUNIDAD E IMPUNIDAD PARLAMENTARIA

 

Si a un golfo le das inmunidad,
inmunizado será y golfo encima
al que una absurda ley legitima
para robar con toda impunidad;
tiene así la gran oportunidad
para hacer lo que más tiene en estima:
malversa, desfalca, defrauda y tima
con total y absoluta libertad.
Lo pillan con las manos en la masa;
dice con dignidad protocolaria:
“¡Tengo inmunidad parlamentaria!”
y se va tan tranquilo a su casa
sin devolver la cosa dineraria.
¡El ejemplo, señores, tiene guasa!

 

 

Están abusando de un derecho reconocido en nuestra Constitución. Observen:

Un pollo aforado, o sea, amparado por eso que han dado en llamar inmunidad parlamentaria, comete un delito de malversación; de lo mangado, da una pequeña parte al partido para su financiación; el resto, al bote. Bueno, pues les puedo asegurar que el tal pollo:

a) no pisará la cárcel; b) no irá a juicio; c) no devolverá una perra.

No apuesten, que pierden: como es aforado, hay que pedir un suplicatorio; como el partido está presuntamente untado, no llegará a juicio; por la misma razón no devolverá ni una perra. Saldrá libre como los buitres para ir derechito, derechito, derechito a tomarse una mariscada joseantoniana.

 

30-XI-2012